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26 jun 2019

Pedro Acevedo Gallardo estudiante UTE, vivía en Tierra Amarilla




A ti detenido desaparecido
quizás un postrero gesto de humanismo
de quien tu vida truncó
acaso compasión,
algo que se asemeja a una cruz
un N.N que el tiempo desdibujó …
fue liniero de tu morada,
el último rincón
y hubo algunos que ni eso tuvieron.
Acogió la madre tierra con alientos de amor
al que quedaba después de horas de horror…
se compadeció la yerba,
y amorosa su sepulcro cubrió,
lamieron las cenizas
sus heridas que la muerte traspasó.
Fue su hermano de nación
que se erigió en torturador,
con saña, con rabia, rencor…
Los encontraremos un día,
una flor y tumba tendrán
recogeré tus redes si los pudiese limpiar…
huellas de manos cobardes no te acompañan al más allá…
Y el sepulcro tu nombre llevará
y te lloraré y te lloraré…
viviré el duelo anunciado y esas lágrimas cálidas
cicatrizarán heridas que el tiempo cerró
y te lloraré y quizás algún día
regarán la flor de la resignación…
  
Doris Acevedo.




Pedro Acevedo Gallardo fue hijo de Ana Gallardo y Félix Acevedo. Vivían en la población Ojancos, en Tierra Amarilla, junto a sus tres hermanos: Nelson Pasten, Juan Acevedo y Francisco Acevedo. De niño fue intelectualmente inquieto, lector precoz y muy voraz, dando señas de una inteligencia que lo llevaría a sobresalir como estudiante en cada uno de los niveles que cursó. De hecho, al terminar su enseñanza en Tierra Amarilla, fue distinguido como el mejor estudiante de la Provincia. Continuó sus estudios en Copiapó para ingresar posteriormente a Ingeniería en Minas en la entonces Universidad Técnica del Estado de la capital regional.
-Se fue a Santiago en la época de Salvador Allende, lo llevaron y el Presidente lo recibió en La Moneda y le dio una maleta de cuero blanca con ribetes llena de libros, y después salió becado para estudiar en la Escuela de Minas, de acuerdo a las calificaciones que él tenía -recuerda su hermano Nelson Pasten sobre las distinciones académicas de Pedro Acevedo.
Félix, el padre, fue un activo dirigente comunista, militante, regidor de Tierra Amarilla gracias a un apoyo popular que generalmente lo ubicó como la primera mayoría de la comuna, también dirigió el sindicato de pirquineros, logrando beneficios importantes para su gente, como la compra de camiones para vender sus minerales a los planteles de la Enami, un convenio con el seguro social que les daba acceso a salud y jubilación, y la compra de una micro para que los asociados pagaran la mitad del valor cuando se dirigían a Copiapó. El golpe lo pilló activo y visible como de costumbre, en el cargo de presidente de la CUT, razón por la que tuvo que burlar la vigilancia militar cercana a su casa y partir en un vehículo conducido por su hijo Nelson rumbo a unos cuantos años lejos del hogar, con nombre falso y trabajando en las minas de otra región.
En uno de los cajones de madera donde antiguamente llegaba el té, Félix siempre tenía libros, diarios y documentos del Partido Comunista, entre ellos los principios de dicha colectividad, los que Pedro leyó siendo muy niño, a tal punto que pidió su incorporación a las juventudes comunistas iniciando la adolescencia. Rápidamente se transformó en un activo dirigente, se volvió importante para su organización. Su tía, Doris Acevedo, recuerda que antes del golpe los familiares se encontraban en la actividad política. Ella estaba encargada de la división femenina, mientras su sobrino ocupaba el puesto de secretario político en Copiapó, al mismo tiempo que hacía su vida partidaria en una célula en Tierra Amarilla. Cuando su madre, Ana, reprochaba al joven que se preocupaba más de la política que de sus estudios, Pedro no le respondía, sólo llegaba con una copia de sus notas en la universidad y se las dejaba encima de la mesa. Siempre eran sobresalientes.
-Mi hermano a la edad que se lo llevaron ya era ingeniero en minas y estaba estudiando para ser ingeniero civil… y en eso estaba cuando le llegó la beca para irse, pero no era la de ellos, si no de la otra Alemania, por lo que él empezó a hacer los trámites para irse a la Unión Soviética, la idea de él era llegar a magister en ingeniería, que en Chile no había.
La familia era más bien pobre, así que Pedro alternaba los estudios con faenas de pirquinero, en los desmontes, juntando mineral que vendía a la planta Hochschild. El tiempo para los hermanos en esa época era escaso, recuerda Nelson.
-No compartíamos mayormente con él, porque estaba metido en sus cosas. Siempre fue político -dice Nelson desde su actual casa en Tierra Amarilla, ciudad que nunca ha abandonado y que comparte con la familia que ha formado.
Doris, en cambio, tuvo oportunidades de pasar bastante tiempo con su sobrino en la casa de Copiapó de Juana Rosa Ramírez, su madre y abuela de “Peruchito”, como le decían:
-A veces se venía a nuestra casa a Pedro León Gallo y vivía con nosotros de lunes a viernes, nos atendía el negocito igual… yo le echaba bromas y tallas, y él atendía y leía. Antes de que se lo llevaran me había dicho que le hiciera un pantalón, porque sé hacer corte y confecciones… él estaba sentado en la ventana para que le diera la luz al libro y esperando que le terminara el pantalón, se lo terminé, se lo llevó y no lo volví a ver -cuenta con Doris secándose unas lágrimas ante el recuerdo.

LA DETENCIÓN

Pedro tenía apenas 19 años el 28 de abril de 1975. Hacía poco que había llegado desde Copiapó a su casa. Estaba en su pieza cuando entraron cuatro agentes, pertenecientes al CIRE, organismo de investigación que dependía directamente del Intendente, conformado por personal militar, de carabineros e investigaciones y que perseguía a la gente de izquierda, con el fin de eliminar cualquier actividad “subversiva”.
Varias veces anteriores habían allanado la casa, buscando al padre que se había marchado a la región de Coquimbo. Pero esta vez iban por el hijo. Pedro se levantó. Su hermano Nelson conocía a uno de ellos, de apellido Retamales, al que le preguntó qué estaba pasando y obtuvo como respuesta que le pasaran ropa abrigada porque no volvería esa noche. “Mi mamá le pasó un chaquetón y él llevaba bototos de seguridad” recuerda su hermano sobre esa abrupta salida.
-Le habían hecho seguimiento, porque fue como una venganza porque no habían podido agarrar a mi papá -reflexiona Nelson.

ALLANAMIENTOS

Doris dormía, al igual que su madre, en la casa ubicada en la populosa Miguel Gallo.  Cerca de las siete de la mañana los golpes en la puerta despertaron a las dos mujeres. Supieron que no sería nada bueno, cuando al abrir vieron a Ana llorando, con dificultades para calmarse y contar lo sucedido. Cuando logró decir “se llevaron a Peruchito” Doris se vistió y salió inmediatamente hacia el regimiento, donde, en la puerta, la madre identificó a uno de los que detuvo a su hijo durante la noche -vestido de civil- quien le dijo que volvería unos minutos más tarde y entonces le respondería, porque se dirigía a hacer una diligencia.
La diligencia era nuevamente allanar su casa, abrir el colchón de la cama de Pedro, buscando a otras personas que trabajaban en la actividad política -clandestina en ese tiempo y de resistencia- y una máquina de escribir, que nunca encontraron en ese dormitorio. Mientras, las mujeres recorrieron el Retén de Carabineros de Tierra Amarilla y otros lugares donde podrían haberlo llevado, pero les negaban que allí estuviera detenido el joven.
Cerca del mediodía, volvieron a la puerta del regimiento.
-La Anita estaba llorando, pidiendo por favor al señor que estaba de guardia que le dijera si estaba su hijo ahí y uno moreno que no recuerdo bien su rostro, pero era bajito, delgado y le dice ‘por qué no le decís que el cabro está adentro’ y entonces supimos que estaba ahí --recuerda Doris Acevedo con lágrimas en los ojos, cuando conversamos en el negocio que ahora tiene en las villas construidas en el antiguo Pueblo San Fernando.
Con esa respuesta, se movilizaron buscando cualquier forma de tener más información, lograr verlo o sacarlo de allí. Hacía poco Aladín Rojas había sido detenido, así que les pidieron consejo a sus familiares. Tocaron muchas puertas, escribieron cartas y solicitudes. Ana llegó a hablar con Lucía Hiriart, según recuerda Nelson, quien le hizo un compromiso de ayudar, que no cumplió.
Entre medio, los allanamientos siguieron. Hasta el 1° de mayo, día que toda la familia nunca podrá olvidar.  Doris relata lo que vivió junto a su madre en la casa de calle Miguel Gallo:
-Llegaron a la casa golpeando fuerte, gritando. Entre ellos iba un chiquillo que era tierramarillano, los papás de ellos eran compadres con mi mamita, pero el niño miraba hacia el suelo y nunca le vimos la vista, como que no lo conocíamos. El que estaba a cargo dijo ‘está acá Pedro Gabriel Acevedo Gallardo’ y mi mamita le respondió: ‘pero si lo tienen ustedes’ y el tipo contestó: ‘no, huyó del regimiento’, ella le alegó ‘entonces ya lo mataron’. Igual miraron debajo de las marquesas y todo fue sincronizado – dice respecto a una supuesta búsqueda donde allanaron nuevamente la casa de Pedro, y la de todos sus parientes más cercanos.
Luego vinieron las denuncias por presunta desgracia, en la vicaría de la solidaridad y posteriormente acciones judiciales que en primer término no obtuvieron muchos resultados, sólo sirvieron para determinar claramente quienes lo habían detenido en su casa. Nelson se encargó de hacer gran parte de las gestiones de búsqueda, en Tierra Amarilla y Copiapó. Un año más tarde el hermano menor se vio obligado a cumplir con el servicio militar obligatorio. Le ha relatado a la familia que vivió múltiples maltratos y persecuciones.
- Nosotros pensamos que a mi hermano lo mataron la misma noche y lo enterraron en el regimiento, porque hay algunos conscriptos que sintieron gritos, otro dijo que lo había visto. Otro hermano hizo el servicio y un cabo le dijo: ‘a tu hermano lo mataron’, pero nada más – reflexiona Nelson sobre esta historia que han llevado adelante durante años.

Condenados por secuestro calificado:
Francisco León Jamett.
Patricio Román Herrera.
Pedro Eduardo Vivian Guaita.



Prólogo



Prologar este libro es una emoción inmensa, profunda y significativa para mí, como hija de ejecutado político, representando a la Agrupación de Familiares, que me han dado la confianza para dejar estas palabras escritas. Es un libro que muestra a las personas vistas tal como lo conocieron sus familiares, sus hijos, hijas e incluso nietos, sus amigos, compañeros, compañeras, quienes compartieron y convivieron con ellos y después los extrañaron. Un esfuerzo que abarca a ejecutados políticos y detenidos desaparecidos de los sitios que figuran en el proyecto del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio denominado “Identificar nuevos lugares de Memoria, en las comunas de Chañaral, Tierra Amarilla, en la Universidad de Atacama y el Terreno de la Agrupación, en la comuna de Copiapó”.
Este libro es un documento de memoria, hemos decidido escribirlo para rescatar del olvido y reinsertar en la memoria colectiva a nuestros queridos compañeros, en él nos hacemos cargo de la historia ausente de cada uno de los ejecutados o detenidos desaparecidos, en los lugares que instalaremos placas memoriales.
En el largo camino de la justicia, la Agrupación de Familiares y Amigos de Ejecutados y Detenidos Desaparecidos de la Región de Atacama se conformó el año 2014 y el 2017 comenzamos a postular proyectos en el entonces Consejo Nacional de la Cultura y Las Artes en nuestra zona; ante la necesidad de construir memoria y rescatar los relatos vivos de las familias; y ante quienes ya no pueden alzar su voz, estamos nosotros para contar su historia. Hemos querido hacer un homenaje digno a cada uno de los que se encuentran en este proyecto humano.
El año 2017 comenzamos como Agrupación  a  instalar  lugares de memoria; dejamos emplazadas placas conmemorativas de ejecutados y detenidos desaparecidos en Diego de Almagro y Vallenar, y este año 2018 quisimos continuar con las otras comunas donde también hubo víctimas de la dictadura. El proyecto financiado por el Fondo de las Culturas, las Artes y el Patrimonio 2018 tiene por objeto identificar nuevos sitios de memoria en la Región de Atacama.
Esta iniciativa busca que la ciudadanía recuerde los hechos ocurridos, con el fin último de promover el respeto a los derechos humanos, a través de la instalación de placas conmemorativas, acompañadas de jornadas de mediación con establecimientos educacionales de los sitios identificados: conversatorios en las comunas de Chañaral, Tierra Amarilla y Copiapó y así mismo se realizará una investigación al regimiento de Copiapó como sitio emblemático de memoria por tratarse de un  recinto de prisión y tortura en el que sufrieron las víctimas de la represión política.
En 1974, en Chañaral fue detenido desde la escuela el profesor Guillermo Rojas Zamora y hasta el día de hoy sigue desaparecido.
En Tierra Amarilla fue asesinado en su casa José Espejo Espejo (1976) y Pedro Acevedo Gallardo (1975) fue arrancado de su hogar y desaparecido desde el Regimiento Copiapó.
En la Comuna de Copiapó, queremos avanzar en la instalación de una placa conmemorativa en la Universidad de Atacama, donde estudiaban Guillermo Vargas, Atilio Ugarte Guerra, Pedro Acevedo Gallardo, Carlos Quiroga, Dagoberto Cortés, Hugo  Alfaro, José Manuel Guggiana, Luis Segovia y Raúl Larravide López, este último al momento de su detención, era el Presidente de la Federación de Estudiantes de la UTE, sede Copiapó. Edwin Mancilla Hesse, era estudiante de pedagogía en la Escuela Normalista que era parte del recinto universitario. Como profesores estaban Pedro Pérez Flores, Winston Cabello y Néstor Leonello Vicenti; y Alfonso Gamboa, profesor Escuela Normalista.
La recuperación de la  memoria histórica es parte del Patrimonio Inmaterial de nuestro país y por ende es fundamental en nuestra cultura, ya que contribuye a fortalecer los valores de integración, respeto, tolerancia, participación, entre otros.
Las memorias- en plural porque pueden ser muchas y diferentes – son una construcción social, cultural, política, no se encuentran constituidas de una vez y para siempre, sino que se modelan de acuerdo a los intereses y significados que la sociedad y sus organizaciones le van otorgando cada tiempo.
Por ello, conocer acerca de los Derechos Humanos y reconocer el valor de la memoria colectiva en el desarrollo de nuestras vidas, no es suficiente, también debemos desarrollar habilidades y actitudes para actuar juntos en la defensa, promoción, protección y educación de ellos, logrando cambios personales y sociales necesarios para la creación de una cultura nacional de respeto a los Derechos Humanos.
A 45 años del inicio de la dictadura cívico-militar y 28 años  de democracia,  sabemos que desde el mismo 11 de septiembre de 1973 empezó la política de extermino, muerte, desaparición, exilio, prisión, relegación y exoneración de todo trabajador, mujer, profesional, estudiante, que hubiera sido parte del  Gobierno de Salvador Allende. Se tenía que borrar todo vestigio de dignidad, compromiso, solidaridad, convicción y trabajo colectivo. Es así como llegó la tragedia  a nuestras vidas.
Fue en estas circunstancias que un grupo de valientes mujeres, desafiando todo el terror que se vivía en esos años, se atrevieron a unirse para conformar la Agrupación y, de modo organizado, entregar solidaridad y buscar la forma de denunciar los crímenes que se estaban cometiendo. Los integrantes de la Agrupación desarrollaron distintas forma de resistencia como los encadenamientos públicos, huelgas de hambre, tomas de organismos internacionales y la permanente protesta en la calle.
Agradezco a cada una de las mujeres, a las Agrupaciones que nos antecedieron y que dieron la lucha en momentos muy difíciles, a cada uno que peleó para encontrar la verdad, la justicia, la reparación. A nuestros compañeros y compañeras de la agrupación que me han apoyado y me han dado la posibilidad de dirigirla, a todos por su trabajo colaborativo.
Los sobrevivientes, los familiares, las víctimas, sus amigos declaran como postura ética “no olvidar” para  que nunca más vuelva a ocurrir tanta muerte, tanto dolor y miedo, tantas pérdidas en nuestra sociedad.
En su memoria por las nuevas generaciones, a 45 años de tan horrendos crímenes, de la dictadura cívico militar  y 28 años de democracia, podemos decir con fuerza a sus familias, amigos, organizaciones de derechos humanos y a toda persona consciente del respeto a los derechos humanos, que a una persona, una familia y un pueblo de raíces profundas ni el viento lo derribará.
Hoy, como ayer, con la esperanza de un Chile mejor, reiteramos nuestro compromiso por la verdad, la justicia, la memoria y la reparación integral hasta hoy pendiente para los familiares y las víctimas.

Ingrid Aguad.
Presidenta Agrupación de Familiares y Amigos de Ejecutados Políticos y Detenidos Desaparecidos de Atacama